spacer.png, 0 kB

Subscripción al boletín






Facultad de Derecho
Campus de Teatinos
29071 Málaga


Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla


spacer.png, 0 kB
spacer.png, 0 kB
Recortes de Prensa

Adiós al turista inglés

El Mundo, 23 | 08 | 2009 - Reportaje

El alto precio de la libra y el boom del mercado inmobiliario les animaron a vender sus propiedades en Reino Unido e instalarse en nuestras costas para vivir holgadamente. Pero la caída en picado de la moneda británica y el derrumbe inmobiliario han convertido el sueño en pesadilla. Ahora, muchos vuelven a Inglaterra arruinados, mientras que cada vez menos de sus compatriotas nos visitan

Hace algo más de 50 años que los ingleses convirtieron la península, o, mejor dicho, las zonas donde más pegaba el sol en ella, en su destino vacacional favorito. Hacía poco que había acabado la II Guerra Mundial, y los súbditos de Su Graciosa Majestad pagaban 50 libras para volar a la Costa del Sol y pasar una semana de vacaciones empaquetadas quemando, bajo el sol español, los recuerdos de esos trágicos años. Durante los 60, a esa primera hornada –o parrillada– de turistas ingleses, se añadió la de los hippies, que encontraron en las playas todavía vírgenes de las Islas Baleares o la Costa Blanca (Alicante) el medio ideal para comunicarse con las fuerzas de la naturaleza.

Los británicos se enamoraron de España, y ella se dejó querer, aceptando de buen grado las rentas que aportaba tal relación. Finalmente, decidieron vivir juntos, y muchos british, sobre todo los que se encontraban en edad de jubilación, vendieron sus casas y se mudaron aquí: la libra era una de las monedas más fuertes del mundo –en 2007, llegó a alcanzar los 1,571 euros al cambio–, así que sus pensiones valían en España un 30% más. Hubo quien, además, invirtió sus ahorros, o las rentas producidas por la venta de sus propiedades en Reino Unido, en el floreciente mercado inmobiliario español. Nadie contaba con el vuelco que la economía daría años más tarde, que impediría que el idilio británico-español pudiera celebrar sus bodas de plata por todo lo alto.

“Mi marido se retiró y decidimos mudarnos a España en 2005, porque el coste de la vida aquí era mucho más bajo que en Inglaterra”, cuenta una ciudadana inglesa afincada en nuestro país, que prefiere mantener su anonimato para que en sus lugares de origen no sepan por lo que están pasando. “Por suerte, fuimos de los pocos que renunció a comprar, pero nuestro alquiler cuesta ahora un 30% más que cuando llegamos y las facturas del supermercado, de la luz y del agua también han subido. Así que hemos tenido que cambiar nuestro estilo de vida, y sólo esperamos que la situación no empeore”, añade.

En efecto, las cosas han cambiado: la libra se cotiza ahora aproximadamente a 1,15 euros, uno de los registros más bajos de las últimas décadas, y los jubilados han visto sus pensiones reducidas considerablemente. Además, el mercado inmobiliario está estancado. Del millón de casas vacías que existen en el litoral mediterráneo europeo, la mitad están en suelo español, donde no se construye desde hace más de cuatro meses.

VUELTA A CASA..
A.S., ciudadana británica, admite que ya no está a gusto en España, atrapada entre los ladrillos sobre los que cimentó una operación inmobiliaria que, de momento, no ha tenido final feliz. “Pensé que sería una vida mejor y que encontraría trabajo. Me aconsejaron que invirtiera en la compra de apartamentos, que era lo mejor que podía hacer”. Así que vendió su casa, empaquetó sus pertenencias, y se mudó a una localidad turística de la Costa del Sol, donde, con el dinero de la venta en Inglaterra, pudo comprarse dos apartamentos y una casa con piscina. Todos estaban convencidos de la seguridad de dicha inversión: durante los 10 últimos años el precio de los pisos en España aumentó un 270%. A.S. no contaba con que, poco después, su nuevo patrimonio se depreciaría un 16%, y que, ni por esas, conseguiría venderlo. “Estoy a punto de acabar con mis ahorros pagando las hipotecas, no se qué voy a hacer”.

“Muchas personas, aunque quieren, no pueden volver a Reino Unido”, apunta Collin D. Welch, asistente de la iglesia anglicana de Jávea (Alicante), que celebra sus misas los miércoles y domingos en la Ermita de Popols. “Vendieron sus propiedades y ahora no tienen nada con que hacer frente a los pagos”. En su opinión, los británicos tenían demasiada confianza en su moneda: “La mayoría no creían que la libra fuera a bajar. Nunca se preguntaron que pasaría si caía, y lo ha hecho. Quizás, si tuviéramos una moneda única, esto no hubiera pasado”. En los periódicos de habla inglesa que se publican en España –más de 40–, cada vez hay más anuncios de casas en alquiler a precios ridículamente bajos, de propietarios que se conforman con conseguir, simplemente, una ayuda para hacer frente a sus obligaciones bancarias.

Según Louise Ansari, responsable de comunicación de la Embajada de Reino Unido en España, es difícil determinar la cantidad de gente que está volviendo, porque, para empezar, no se sabe cuántos ingleses residen aquí. “Se calcula que son un millón, pero se trata de una estimación, porque sólo unos 300.000 están registrados. Muchos piensan que si se empadronan, perderán los derechos a subvenciones en Inglaterra, y tampoco quieren vincularse tan oficialmente a España”.

CHIP DE TURISTAS. Efectivamente, algunos achacan parte del problema a que los ingleses no cambiaron el chip de turistas por el de residentes, razón por la que no han aprendido español, no se han podido integrar en el mercado laboral nacional, y dependen casi exclusivamente de la microeconomía expatriada para su subsistencia. Muchos viven de la actividad inmobiliaria generada por sus propios compatriotas, pues gran parte del boom de la construcción español vino propiciado por el nicho de mercado que representaban los extranjeros que querían adquirir propiedades en las costas de nuestro país. Pero en la actualidad, el mercado inmobiliario está estancado y la demanda de pisos, en el punto más bajo de los últimos 11 años. Además, el sector terciario, que ha empleado a otro gran porcentaje de los british, está sufriendo las consecuencias de la recesión que obliga a apretarse los cinturones, y deja bares y restaurantes vacíos.

Sólo hay una actividad que florece en estos momentos: las mudanzas. “El número de familias que se muda a España ha bajado, y mucho. Y han aumentando significativamente las que vuelven a Reino Unido, tanto desde la península, como desde Francia”, explica Graham Compton, coordinador de transportes de la compañía de mudanzas Move it Removals, con oficinas en Málaga y Alicante. Algunos ni siquiera se llevan sus muebles, pues no tienen dónde dejarlos. Y en los casos más dramáticos, dejan España endeudados.

Los pocos que siguen viniendo eligen la Marina Alta, en Alicante, que es, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la comarca con la mayor tasa de extranjeros del Estado: un 43% –la mitad británicos–, casi cuatro veces más que la media española. Aunque el récord se lo lleva Orihuela, donde, según los datos del padrón –posiblemente lejos de la realidad–, viven más de 14.000 ingleses.

Pero, lógicamente, no todos los que nos visitan vienen para quedarse: cada año recibimos la friolera de 17 millones de turistas de Reino Unido. Según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, en el primer semestre de 2009 llegaron 6,1 millones de británicos (un 16,1% menos que los registrados en el mismo periodo de 2008) que se gastaron 4.794 millones de euros –la cantidad más abultada, seguida de la invertida por alemanes, 4.130 millones, y franceses, 1.925 millones–.

GASTO EN LIBRAS.
A pesar de que la cifra supone un descenso del 7,6% respecto a 2008, el gasto británico representa un 26,8% de los ingresos totales por turismo en España, que ascienden a 20.954 millones de euros, un 10,8% del PIB español. En otras palabras, el turismo es, por si alguien lo dudaba, uno de los pilares de la economía española, y el componente británico, una de sus bases más importantes.

Benidorm es la ciudad española que más turistas ingleses recibe, aunque las cifras de junio reflejan un descenso del 9,4% respecto a 2008. “Quizás han acortado la estancia y vienen más a pasar un fin de semana, en lugar de una semana, pero creo que su nivel adquisitivo sigue siendo más alto que el nuestro, así que aún nos visitan”, comenta James, encargado del Marr’s, uno de los pubs ingleses más antiguos de España. Situado en la calle de Los Gatos de Benidorm, el local fue fundado en 1969 por Ronnie Marr, padre de James, un ingeniero naval que, cansado de la rutina y de las nubes de Liverpool, decidió abandonar Inglaterra e instalarse en la ciudad levantina con su esposa Marylin, azafata de vuelo nacida en Londres.

Preguntado por la convivencia entre ingleses y españoles, el anglocantino James afirma que es buena: “Creo que la gente respeta mucho a los británicos, por los cambios que introdujeron en nuestra sociedad, y por los ingresos que representan, claro. Mi padre cuenta que, cuando llegaron, esto era como La Playa de Leonardo diCaprio, imagínate”. Es difícil hacerlo, teniendo en cuenta las características actuales de Benidorm: una ciudad con 73.000 habitantes y más de 40 edificios de 25 plantas…

James, que ha sido educado en colegios españoles, opina que a los british también se les aprecia porque son gente muy educada. “Como camarero, te puedo decir que mientras que los españoles te piden el café con leche de mil maneras distintas, los ingleses lo hacen de una y, además, te dejan propina”. En cuanto a los hooligans, término futbolístico que se está utilizando, cada vez más, para denominar a los turistas ingleses más problemáticos, opina que “son los menos”.

El perfil del turista varía según la estación. “En invierno vienen más jubilados”, cuenta Pere Llorca, funcionario del Ayuntamiento de Benidorm. “Pero en general, abundan los ingleses de entre 40 y 50 años, mucha familia y algún viaje de solteros. No somos un destino de Imserso, sino más bien de touroperador”, añade. De hecho, fue la vinculación entre estos últimos y los hoteleros la que propició que esta zona del Levante se convirtiera en la segunda patria inglesa. “Durante los años 50 y 60, se construyeron hoteles que se financiaron con acuerdos de uso exclusivo por 10 ó 15 años, con agencias inglesas, como Thompson”, explica Llorca. De esta manera, Benidorm fue también la cuna de los low cost. “Mucho antes de que existiera EasyJet, desde aquí podías coger vuelos chárter muy baratos a Manchester o Liverpool”, cuenta.

LA ISLA DE LOS FAMOSOS. Si bien la Costa del Sol es la zona de España donde más propiedades compran los ingleses, según el diario inglés The Telegraph, el lugar más deseado, aunque esté fuera de su alcance, sigue siendo Mallorca. Solamente en junio, un millón de turistas visita con la más grande de las Baleares, de los cuales 340.548 eran ingleses, el segundo grupo más numeroso después de los alemanes. Con estas cifras, la comunidad insular fue la mayor receptora de gasto de los turistas internacionales, con un 28%.

Según el Instituto de Estudios Turísticos, esta cifra representa un descenso del 10% respecto al mismo mes de 2008, fundamentalmente por el retroceso del gasto de los ingleses. Sin embargo, según Savills, agencia británica especializada en la compraventa de residencias en todo el mundo, aunque las ventas en la isla majorera han bajado, los precios se mantienen más o menos porque Mallorca es también receptora de un tipo de visitante que no sufre tanto las consecuencias de la crisis. Se ha especializado en un mercado de perfil más alto y selecto, favoreciendo, por ejemplo, largas estancias, en detrimento de las cortas. En algunos complejos turísticos del sur-oeste de la isla, el alquiler para pocos días no está permitido.

Todo ello, junto con los 12 restaurantes con estrellas Michelin, y las calas privadas en las que esconderse de las miras telescópicas de los paparazzis, la han convertido en uno de los destinos vacacionales favoritos, e incluso en lugar de residencia, de celebridades como Mike Olfield, Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, Annie Lennox o Jade Jagger.

Claro que también hay turismo masivo: “Está concentrado en zonas como Magaluf”, cuenta un trabajador de la propia Savills. El ritual se repite cada quincena: un autocar espera su llegada en el aeropuerto, los transporta directamente al hotel y se los vuelve a llevar a los 15 días. Su contacto con el resto de la isla es más bien escaso. Van de la playa a la piscina del hotel y de ahí al pub a ver en diferido partidos de la Premier… Es un tópico, pero en ocasiones se acerca bastante a la realidad.

Fuente original

No Comments

Add your own comment...

Calendario Entradas

Abril 2021
Mo Tu We Th Fr Sa Su
« Dic    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Categorias y Archivos

CategoriasArchivos



spacer.png, 0 kB
spacer.png, 0 kB
spacer.png, 0 kB