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Recortes de Prensa

El turismo ‘oculto’ se deja ver

Expansión, 24 | 06 | 2010 - Noticia

Hay un tipo de turismo que no aparece en las estadísticas oficiales. Diferentes organismos cuantifican con precisión (o al menos profusión) las llegadas y pernoctaciones en alojamientos reglados de millones de turistas extranjeros y nacionales. Todo se sabe de estos turistas: lo que gastan cada día, el tiempo que están en el destino, la valoración con que vuelven a sus casas… Pero hay un tipo de turismo de importancia estratégica para el futuro económico de muchas zonas del país que no se cuantifica en tan completas estadísticas.

Turismo residencial, de segunda residencia, de estancia, familiar, vacacional, sedentario…, muchas etiquetas tiene este fenómeno oculto, este turismo oculto que no recogen las estadísticas estándar. En los últimos años, esta industria turística alternativa se ha ganado (justamente) detractores en las filas del ecologismo por los excesos que el sector de la construcción perpetró en los años del boom, singularmente en el litoral mediterráneo (aunque no sólo). Pero también le han surgido enemigos (éstos por ser parte interesada) en el sector turístico tradicional: hoteleras y agencias de viajes ven en el alojamiento no reglado un competidor peligroso y en ocasiones desleal, sobre todo en el caso de los alquileres no declarados en destinos de gran demanda.

España es uno de los grandes mercados europeos de la segunda residencia. Las cifras marean. Según los datos del Instituto de Estudios Turísticos, dependiente del Ministerio de Industria, el 24,6% de los hogares españoles tuvieron acceso a una segunda vivienda a lo largo de 2008 (último ejercicio con información disponible); y todo un 74% de éstos dispone de esa segunda vivienda en propiedad. En paralelo, antes de que estallara la burbuja del inmobiliario y la construcción se colocaban a propietarios extranjeros más de 100.000 viviendas cada año.

“Existe un desajuste entre la importancia de esta tipología turística y el tratamiento que se hace tanto en estudios, investigaciones, planificación y legislación del fenómeno”, alerta un estudio de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Castilla-La Mancha. “La importancia que se pretende dar al fenómeno residencial no radica exclusivamente en su valor absoluto, sino en su peso relativo para cada uno de los municipios”. Y es que en las localidades que cuentan con un amplio parque de viviendas vacacionales (sin desmanes medioambientales previos) saben que es su particular tesoro turístico, incluso en plena crisis.

Torredembarra como paradigma

En los años 20 del siglo pasado empezaron a llegar los primeros turistas a la localidad tarraconense de Torredembarra, miembros de la alta sociedad barcelonesa atraídos por las propiedades medicinales de sus aguas marinas y que acudían a los pocos hoteles del pueblo. Ya va para un siglo, y la historia turística de Torredembarra en poco se parece a la de los grandes centros de masas mediterráneos: la incipiente industria turística de antaño no se ha convertido hoy en una imponente planta hotelera que viva verano tras verano del ya castizo modelo de ’sol y playa’. El municipio apenas cuenta con una oferta hotelera de un centenar de habitaciones.

Pero Torredembarra sí se ha convertido en un gran centro de turismo de segunda residencia. El 70% de las viviendas del municipio tienen un uso eminentemente vacacional: 10.000 de las 17.000 unidades que componen el parque de viviendas de la localidad pueden considerarse de segunda residencia. Según las estimaciones del Ayuntamiento torrenc, a los 15.000 habitantes empadronados se suman otros 5.000 que, aun sin haber formalizado su inscripción en el padrón, residen de forma permanente; una población flotante de unos 20.000 individuos con casa en propiedad que acuden los fines de semana y en verano; y otros entre 20.000 y 30.000 turistas que llegan a la ciudad para alojarse en alquiler en la temporada alta. En agosto, aseguran desde el consistorio, lo normal es alcanzar entre los 70.000 y los 80.000 habitantes en La Torre.

Pese a los normales problemas en la gestión de algunos servicios públicos por la desproporción entre habitantes habituales y población flotante, Torredembarra defiende su modelo de turismo residencial. “Para muchos se trata de un turismo alternativo, de segunda categoría, pero para Torredembarra resulta más interesante que el modelo tradicional”, sostiene Pere Font, concejal de Turismo, Comercio y Promoción Económica. “No hay que despreciarlo, para nosotros es fundamental”.

Ventajas del modelo residencial

Entre las ventajas que los expertos identifican para el turismo residencial, la mayor es que ofrece al destino un altísimo grado de repetición en las visitas. “Este turismo supone para los lugares de destino una gran ventaja como es la altísima fidelización al mismo, ya que los turistas se ven en la ‘obligación’ de visitar el destino para rentabilizar la inversión que han realizado en su momento, proporcionando una importante demanda cautiva para la zona”, explica María del Mar Rodríguez, experta de la Universidad de Vigo. Una fidelización que se hace además extensible. “Aunque en algún momento estas personas decidan no utilizar esa segunda residencia para sus momentos de ocio y vacaciones, es muy probable que opten por su alquiler a otros turistas, por lo que nuevamente estaríamos refiriéndonos al incremento del número de turistas de la zona”, subraya.

“Los municipios volcados con el turismo hotelero tienen un problema si no llenan sus miles de plazas hoteleras cada verano. Las economías de muchas localidades de la Costa Dorada y de la Costa Brava sufren si su sector turístico lo hace”, argumenta el concejal Font, “pero es más fácil que los turistas sigan viniendo si tienen una casa en propiedad. Tener turistas que también son vecinos da tranquilidad a nuestra economía local”. Una tranquilidad que se ve aún más asentada por la desestacionalización que ofrece el modelo residencial: mientras que los hoteles de la zona quedan al albur coyuntural de la temporada alta, los dueños de una vivienda pueden acudir (y en el caso de Torredembarra lo hacen) durante todo el año en varias ocasiones.

Generalmente se vincula el beneficio turístico con el pago por la estancia y por la creación directa de empleo en hoteles y hostelería, dos premisas que, a priori, el modelo de la segunda residencia no cumple. Pero la propia fidelización y constancia no estacional de visitas de los propietarios de viviendas ponen en jaque el razonamiento. “La visita repetida de los dueños hace que los comercios locales cuenten con más clientes de manera continua, que la restauración vea cómo sube la clientela todos los fines de semana… es una suerte”, resume Pere Font. “El comercio, con sus turistas habituales, no tiene por qué cerrar durante varios meses del año. Las dimensiones de la planta comercial ya están ajustadas a la población real, que incluye la población permanente y la flotante”.

Cuentas públicas

En paralelo, las arcas municipales no sólo sienten el efecto positivo de una mayor actividad económica, sino también el efecto directo de la inyección de esos vecinos intermitentes. Y es que de los nueve millones de euros que el Ayuntamiento ingresa anualmente en concepto de impuesto de bienes inmuebles (IBI), más de cinco millones proceden de esas viviendas de uso fundamentalmente vacacional. “Para las arcas públicas, los turistas de segunda residencia salen muy a cuenta”, subraya el concejal.

Todos los ingresos generados en Torredembarra por los empadronados en otras localidades suponen un punto favorable en una figurada balanza de pagos intermunicipal. Entre los defensores del turismo residencial, la venta de viviendas a ciudadanos extranjeros es el culmen de los servicios prestados a la economía nacional. “El turismo residencial es muy positivo para la economía española, porque es equivalente a una exportación, aunque el bien, en este caso, se quede en España”, apunta Manuel Gandarias, presidente de Live in Spain, asociación inmobiliaria que promueve la inversión extranjera en España en segunda residencia. En este caso, Torredembarra también aporta su granito: aunque la cifra ha decrecido en los últimos años, más de 500 viviendas del municipio tienen como propietarios a ciudadanos no españoles.

En cualquier caso, no todo es color de rosa, y el modelo residencial adolece de muchos males. “Se podría creer que la demanda de segundas residencias responde a unas necesidades de ocio y tiempo libre de un sector de la población urbana de clase media alta, pero esta teoría no es correcta en su totalidad”, advierte Mercè Gili i Fernández, de la Universidad de Lleida. “La demanda de segundas residencias en multitud de casos surge de capas sociales solventes en momentos de bonanza económica y atiende más a un interés de ahorro fiscal y a una necesidad de esconder el dinero negro que no a puras necesidades de ocio. Por lo tanto, nos referimos a una ocupación del suelo por parte del sector inmobiliario o financiero en vez de por el sector turístico”. Desde el consistorio torrenc se subraya que la cifra de viviendas adquiridas con criterios estrictamente especulativos o de ahorro es mínima, y que la inmensa mayoría de los propietarios la utilizan su inmueble con frecuencia como alojamiento vacacional.

En tiempos de crisis

Aunque el crecimiento del parque de viviendas ha sido progresivo en Torredembarra durante décadas, el municipio de la Costa Dorada no fue ajeno (¿cómo serlo?) al boom del ladrillo, y durante los años de burbuja se registraron los mayores incrementos en el número de viviendas de la localidad. Como en el resto del país, hoy el sector de la construcción sufre el frenazo en seco de la construcción. “Hace dos años desaparecieron las grúas. Ha habido un parón casi total de la actividad de construcción residencial”, indica Font, “en dos años no se ha construido nueva vivienda. Simplemente se han terminado las que se habían empezado antes de la crisis, e incluso algún proyecto ha quedado inacabado”.

A la espera de que se concreten dos proyectos de nuevas promociones residenciales en el pueblo (”Si se ponen en marcha pueden ser el motor de arranque para que comiencen nuevas iniciativas”, dice Font), lo cierto es que hoy hay entre 1.500 y 2.000 de viviendas por vender, hijas de los últimos coletazos del boom. La actividad inmobiliaria del municipio ha menguado: de las 70 inmobiliarias que llegó a tener Torredembarra hace tres años, ahora apenas queda una veintena. “El Ayuntamiento ha notado un pequeño descenso de sus ingresos al ser inferior la actividad económica que generaba la construcción y el sector inmobiliario”, reconoce el edil.

Sin embargo, y mientras pasa el chaparrón de la crisis, en Torredembarra se detecta cómo las segundas residencias están siendo una tabla de salvación anticíclica para el municipio. “La crisis hace que muchos ajusten el presupuesto para las vacaciones. Los propietarios de viviendas están viniendo más. Vienen más los fines de semana y prevemos que vendrá más este verano”, subraya Pere Font. “Se va a notar en nuestra economía local. Promete ser un buen verano”.

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